Charli XCX deja atrás el neón de BRAT para sumergirse en un nuevo universo gótico y brutal con la banda sonora de Wuthering Heights.
Por Virgil

Escuchar música es a menudo aceptar una tregua: un momento en que el mundo se cabecea, se aquieta, y el latido se vuelve literal. Esta semana nos ofreció varios de esos instantes: estrenos que, en su variedad, nos recordaron que el arte sigue vivo, y que lo nuevo puede entenderse como cambio, o como renacimiento.
Entre los lanzamientos destacados encontramos a Manuel Turizo con Cosas de Enamorao (Salud mi Reina), una pieza de reggae romántico que abraza la sencillez y la conexión emotiva. También a Beéle, cuyo single Lençóis Maranhenses nos transporta a paisajes brasileños mediante ritmos envolventes. La reinterpretación de Bomba Estéreo del clásico La Bilirrubina por Juan Luis Guerra es otra nota de la semana: nostálgica y reivindicatoria a la vez. Juliana aparece con un cover de Sin Medir Distancias, una muestra de cómo el pasado y el presente dialogan en la escena latina. Y desde el frente internacional, Miley Cyrus nos llegó con Dream As One para la banda sonora de Avatar: Fire & Ash, un himno de reconstrucción personal y colectiva. Y, en medio de este mosaico de sonidos y rupturas, se alza un lanzamiento que pide detenerse.
Charli XCX: del verde fé-mina al gótico inglés
Hay momentos en la carrera de un artista en los que todo se vuelve tránsito: un puente entre lo que fue y lo que puede llegar a ser. Para Charli XCX, ese momento ha llegado con su nuevo proyecto Wuthering Heights, banda sonora de la próxima adaptación cinematográfica de la novela de Emily Brontë.
Hay momentos en la carrera de un artista en los que todo se vuelve tránsito: un puente entre lo que fue y lo que puede llegar a ser. Para Charli XCX, ese momento ha llegado con su nuevo proyecto Wuthering Heights, banda sonora de la próxima adaptación cinematográfica de la novela de Emily Brontë, dirigida por Emerald Fennell. Esta nueva etapa marca una ruptura clara con la era BRAT, ese universo de neón, ritmo frenético y minimalismo audaz que la colocó como una figura clave del pop experimental.
En BRAT, Charli dominaba un mundo verde fosforescente: sintetizadores que chispeaban, bajos incisivos, melodías juguetonas y un aire juvenil casi desafiante. Era pop de club, pop de neón, pop para la pista. Pero con Wuthering Heights, todo eso parece rendirse ante una nueva estética: la del páramo gótico, la tormenta emocional y la tragedia romántica.

Charli, contaba ella misma, se sintió tan inspirada por el guión del filme que decidió proponer no solo una canción, sino un álbum entero. Su visión era clara: “crudo, salvaje, sexual, gótico, británico, atormentado”, esas fueron las palabras con las que describió el mundo en el que quería sumergirse.
Esta dirección se guía por un principio creativo que extrae directamente de John Cale, cofundador de The Velvet Underground: hacer música que sea al mismo tiempo “elegante y brutal”. Charli y su colaborador de siempre, Finn Keane (anteriormente conocido como Easyfun), trabajaron mientras giraban, rentando estudios para capturar esa tensión misma entre lo refinado y lo salvaje.
“House”: La mansión emocional.
El primer adelanto de este viaje es la canción House, junto a John Cale. No es simplemente un dueto: es un monólogo poético en las puertas de una mansión gótica. Cale abre con una voz rasposa, casi como un fantasma confesando su condena: “¿Puedo hablarte en privado … soy un prisionero, condenado a vivir por la eternidad”, susurra, evocando la figura torturada de Heathcliff.
Musicalmente, House se despliega como un paisaje industrial–orquestal: donde cuerdas, y un feedback fragmentado crean una distorsión creciente que culmina finalmente con la voz de Charli procesada, como un eco fantasmal. La producción remite tanto al espíritu de The Velvet Underground como al de bandas industriales, dejando en evidencia influencias de Nine Inch Nails en su textura sonora.
En el video, dirigido por Mitch Ryan, las imágenes contribuyen directamente al universo gótico: velas que gotean cera sobre su piel, cuervos revoloteando, sombras que se alargan, espejos que distorsionan la realidad. Cada símbolo parece tomado del canon romántico trágico: el dolor, el amor obsesivo, la penitencia, todo encapsulado en un templo emocional.
“Chains of Love”: la balada torturada
El segundo adelanto, Chains of Love, introduce otra faceta de la nueva Charli: la de la gran balada épica, cargada de romanticismo oscuro. Producida por Finn Keane y Justin Raisen, la canción conjuga cuerdas, sintetizadores deformados y una melodía sentimental profundamente humana.
La letra es un torrente de entrega y sufrimiento: “Prefiero tumbarme entre espinas… Prefiero prenderme fuego… Prefiero ver sangrar mi piel… Las cadenas del amor son crueles.” Esa intensidad se corresponde con la naturaleza tortuosa de Cumbres Borrascosas, donde el deseo no es suave, sino salvaje y desgarrador.
La canción ha sido destacada en el tráiler cinematográfico, lo que refuerza su papel narrativo: no es solo una canción para escuchar, sino para sentir la tensión del amor imposible, la pasión y el tormento.
Las Sombras que la Guían
Las influencias de este nuevo trabajo van más allá del pop: Charli se pone en diálogo con lo literario, con lo cinematográfico, con la tradición gótica británica. En sus propias palabras, quería sumergirse en un mundo de “gramática real, oraciones reales, sin cigarrillos ni gafas de sol”, algo completamente distinto a su vida de BRAT.
John Cale no es solo un colaborador, sino un faro conceptual. Su frase “elegante y brutal” guía todo el proyecto: cada canción busca esa dualidad, esa belleza que duele, esa violencia que acaricia.
Además, el estilo gótico no es solo sonoro, sino simbólico: los páramos ingleses, la soledad de la mansión, los espejos, los cuervos, el fuego, la abrasión emocional. Todo eso se convierte en metáfora musical, un tejido en el que Charli explora su propia alma y al mismo tiempo interpreta la de los personajes británicos.
Del Neón al Páramo
Este nuevo álbum no es solo un giro estilístico: es un cambio de paradigma. BRAT explotaba la velocidad, el brillo, la juventud electrificada. En Wuthering Heights, Charli renuncia al neón para abrazar la penumbra. La teatralidad no es solo escénica, es emocional. Las melodías no están diseñadas para bailar sin parar, sino para latir, para respirar, para doler.
Es una estrategia valiente: ella dejó atrás el pop inmediato para entrar a un territorio más complejo, más maduro, más atormentado. No busca el éxito fácil, sino el impacto duradero.
Charli XCX está construyendo un castillo en ruinas, uno hecho de cuerdas, voces distorsionadas y confesiones en la penumbra. Con Wuthering Heights, no sólo compone un álbum, sino que encarna un personaje: vulnerable, salvaje, desesperado, romántico.
En esa transición del verde neón al páramo gótico, Charli no solo reinventa su sonido: reinventa su identidad. Y en ese renacimiento, nos invita a entrar a su mansión emocional, a perderte en sus corredores de pena y deseo, y a escuchar su corazón latir con una tristeza tan elegante como brutal.
