El recomendado de la semana en cine por Mari BHoy: “Radical”, una película que nos invita a creer de nuevo en el poder transformador de la educación.

Por: Mariana Bravo Guzmán

Existen ciertas películas que llegan sin hacer demasiado ruido pero logran dejar una marca profunda. Radical (2023), dirigida por Christopher Zalla y protagonizada por Eugenio Derbez, es una de ellas. Inspirada en hechos reales y basada en el artículo de Wired “A Radical Way of Unleashing a Generation of Geniuses”, la cinta nos lleva a Matamoros, una ciudad fronteriza golpeada por la violencia, la desigualdad y la desconfianza en las instituciones. Allí, en un salón de clases deteriorado y olvidado, un profesor decide desafiar el sistema educativo para demostrar que la inteligencia y el potencial humano no son un privilegio, sino una chispa que necesita que alguien la encienda. Con un equilibrio admirable entre sensibilidad, humor y denuncia social, Radical se convierte en un retrato poderoso sobre el impacto de un buen docente en la vida de sus estudiantes y, a la vez, en un recordatorio de que la educación sigue siendo el arma más transformadora en los contextos más adversos.

Desde su estética realista, la película nos invita a entrar sin filtros al ambiente escolar donde trabaja Sergio Juárez Correa (Derbez), un profesor que se rehúsa a seguir la rutina que aburre y que no incentiva, la memorización mecánica y las evaluaciones que nada dicen sobre la creatividad de los niños. Zalla utiliza una cámara que se mueve con fluidez entre los pupitres, y una paleta de colores que refleja el desgaste de la escuela y la dureza del entorno. Pero es justamente ese contraste de la precariedad del espacio frente a la vitalidad de las ideas, lo que vuelve a Radical visualmente tan atractiva. La fotografía trabaja a favor de la narrativa: cada plano parece recordarnos que incluso en los lugares más deteriorados, la curiosidad puede surgir. El ritmo narrativo hace que cada pequeño avance de los niños se siente real, ganado a pulso, y donde el cine se vuelve un puente para conversar sobre pedagogía sin que la historia pierda su humanidad.

Una de las mayores virtudes de Radical es que no idealiza al docente ni a los estudiantes. Sergio es un maestro apasionado, pero también es un hombre que duda, que enfrenta resistencias institucionales, que sabe que su método “radical” puede costarle el puesto. Eugenio Derbez construye un personaje que se desmarca del humor tradicional con el que se le suele asociar, entregando una interpretación con honestidad emocional. No encontramos aquí al profesor típico del cine hollywoodense, sino que lo que vemos es un hombre que decide escuchar a sus alumnos, creer en ellos y asumir que enseñar no es dictar contenidos, leer textos sin más, sino crear experiencias que despierten la inteligencia y la autonomía. La película acierta al mostrar cómo cada niño tiene una historia distinta, un contexto familiar difícil y una lucha silenciosa que afecta su aprendizaje. A través de un guión que integra diálogos frescos, y situaciones que reflejan la complejidad del sistema educativo mexicano, Radical hace visible el costo emocional de la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades.

Resulta imposible ver Radical sin recordar a esos docentes que, en algún momento, nos ayudaron a creer en nosotros mismos. La película profundiza en la idea de que la educación es un acto profundamente muy humano, inspirador, que enseñar implica acompañar, entender, motivar y, sobre todo, confiar en los potenciales. El director construye escenas donde el aprendizaje surge de la experimentación, del error, del asombro genuino de los niños. Mientras lo hace, subraya temas esenciales como el valor de la amistad en el desarrollo de los estudiantes, la importancia de la comunidad en la formación de los niños y la convicción de que un buen maestro puede transformar no solo un salón de clases, sino la percepción que un estudiante tiene sobre su propio futuro. La cinta no oculta la crudeza del entorno: los estudiantes enfrentan delincuencia, violencia, abandono y falta de recursos. Pero la narrativa evita caer en la tragedia y, en cambio, apuesta por el poder del acompañamiento pedagógico como fuerza de resistencia. En este sentido, Radical es tanto un homenaje a los maestros como un llamado a repensar las prácticas educativas tradicionales y abrir espacio a metodologías que reconozcan y potencien la creatividad de los jóvenes.

En cuanto a los protagonistas, la construcción de los personajes infantiles merece una mención especial: los jóvenes actores entregan interpretaciones convincentes, alejadas de la caricatura o del melodrama. Cada niño aporta una mirada única sobre lo que significa aprender en un contexto hostil, lo que dota a la película de una profundidad emocional que se queda con el espectador mucho después de los créditos.

En esta imagen proporcionada por Participant/Pantelion Films, Eugenio Derbez en una escena de “Radical”. (Participant/Pantelion vía AP)

Radical es una pieza necesaria en nuestro contexto actual. No aplica solo para docentes y estudiantes, sino para cualquier persona que crea, o quiera volver a creer, que un buen docente puede cambiar una vida. La película nos recuerda que el aprendizaje ocurre también desde la relación humana que se construye dentro del aula, que la curiosidad es más poderosa que cualquier adversidad. Y que, en muchos casos, basta con que un adulto vea potencial donde otros ven fracaso para que un niño encuentre su camino. Por todo esto, Radical es una película más que recomendada. También es un recordatorio de que la educación tiene un papel transformador en la sociedad, una herramienta silenciosa pero poderosa capaz de romper ciclos de violencia, pobreza y desilusión. Y si después de verla quedaste con ganas de saber más, a continuación encontrarás un contenido especial que complementa esta reseña: una opinión en formato de audio de Manuela Poveda, estudiante de licenciatura de la Universidad del Tolima, quien compartirá cómo Radical ha influido en su visión de la educación y en su propio camino como futura docente.